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El resurgimiento de los extremismos en Europa.

El reflejo de las políticas económicas post-austeridad y la perdida de la identidad cultural dieron paso a un nuevo récord en el Viejo Continente.

Los números del Ministerio del Interior alemán dan la cifra de 24.100 militantes en la extrema derecha, donde al menos la mitad estarían dispuestos a cometer delitos violentos, 26.500 islámicos radicales y casi 32.000 de extrema izquierda.

Dada la violencia histórica y reciente, los grupos neonazis son de especial preocupación para el gobierno alemán, no es extraño entonces, que esta estadística venga de la mano de una noticia violenta, la muerte de Walter Lübcke, Presidente del gobierno de Kassel, Alemania.

La noche del 1 al 2 de Junio, en el jardín de su casa, el político cristianodemócrata (CDU) yacía muerto de un disparo a corta distancia, entre la sien y la oreja. El asesino confeso, un extremista radical neonazi llamado Stephan Ernst.

En los pasados días la prensa alemana publicó indicios que el asesino contó con la ayuda de un vehículo para escapar de la escena del crímen, abriendo la posibilidad de una célula terrorista activa, Ernst, por otro lado, asegura haber trabajado solo. Mientras tanto, el asesinato fue celebrado en las redes sociales por grupos militantes de ultraderecha.

El autor del hecho, según el Ministro del Interior, era activo en la escena neonazi de los 80’s y 90’s, luego militó en el Partido Nacional Democrático (NPD) y se hallaba en contacto con grupos violentos pequeños, finalmente terminó pasando desapercibido a las autoridades en los últimos años.

El alcalde vivía bajo amenazas desde 2015, cuando en plena crisis de refugiados, decidió construir en su ciudad un albergue para estos. Y no era el único bajo estas amenazas. Las investigaciones en el caso Lübcke revelaron que su nombre era uno entre tantos en una lista de posibles objetivos del grupo Clandestinidad Nacionalsocialista (NSU), donde figuraban también los nombres de otros alcaldes y alcaldesas como objetivos de este grupo.

La solución estudiada por el Ministerio del Interior, dirigido por Horst Seehofer, ante la dificultad expresada por ellos mismos de vigilar tan solo a la mitad de los 24.100 militantes neonazis, aquellos con disposición a cometer delitos violentos, sería la aplicación estricta del artículo 18 de la constitución alemana, donde se plantea el decomiso los derechos fundamentales para las personas que actúen contra el orden básico de una democracia. Así es, el decomiso de los derechos fundamentales en una democracia europea en pleno siglo XXI.