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Luego de la expulsión de Turquía del programa F-35 Rusia planea venderle sus aviones Su-35, y ampliar la cooperación tecnológica-militar.

El incremento del intercambio entre Rusia y Turquía presenta desafíos y nuevas contradicciones dentro de la OTAN.

El 14 de julio Rusia envió otro lote de misiles S-400, lo que desencadenó su expulsión del programa de aviones de quinta generación estadounidenses F-35, el pentágono afirmó que además se perderían 9000 millones de dólares en inversiones, acto que Ankara considera ilegal.

Desde Rusia no faltaron las ofertas, y el presidente de la Companía Estatal Rostec, Serguei Chemezov dijo que “Si nuestros colegas turcos muestran interés, estaríamos dispuestos a evaluar el envío de nuestros S-35”, aviones caza-bomarderos polivalentes continuaciones del Su-27.

El contrato firmado entre Moscú y Ankara en 2017 alcanzaría los 2.500 millones de dólares y suplirían a Turquía con baterías de misiles S-400 triumf, que la OTAN considera una amenaza y no compatibles con los sistemas propios, siendo Turquía miembro de este tratado.